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jueves, 13 de septiembre de 2012

¿Cuánto gana Pekerman?


Esta pregunta con la que titulo mi columna de hoy fue durante las últimas semanas el tema de moda entre los diferentes periodistas deportivos y gran cantidad de personas que a través de las redes sociales llegaron a comparar el salario del técnico argentino con lo que se invirtió durante años en toda la delegación de deportistas colombianos que nos representaron en los olímpicos de Londres.

Así como sucede con Petro desde su elección como alcalde de Bogotá, Pekerman sufrió en carne propia toda la intolerancia y el castigo por parte de aquellos que se consideran con derecho a incriminar, ofender y maltratar a quien no es de su agrado. En este caso, llegando al extremo de poner en tela de juicio lo que una empresa privada le paga a sus empleado.

A nadie le importa cuánto le pagan al presidente de Alpina o al de Bavaria pero los honorarios de Pekerman se convirtieron en una ofensa para gran parte de la sociedad, en una afrenta contra el tesoro colombiano y en algo inadmisible para el país donde nadie sabe cómo alguien sobrevive con el salario mínimo.

En este mismo país en el que el desfalco de los Nule, Moreno, Arias y tantos otros sobrepasa los billones de pesos, sin contar el tema de la salud que seguro dobla esta suma, Pekerman alcanzó un status casi criminal por la suma de dinero que cobra y el hermetismo total de su trabajo frente a los medios y los aficionados.

Periodistas deportivos de la vieja guardia, esos que creen tener potestad sobre el convaleciente fútbol colombiano se atrevieron a poner en duda el accionar del argentino, hablando más de su yerno que de su forma de parar al equipo, escribiéndole cartas en los diarios del país como si de un derecho de petición se tratara, mirando con sospecha el llamado de algunos jugadores como si estuvieran hablando de un empresario o cometero.

Pues bien, después de dos jornadas de la eliminatoria sudamericana en las que Colombia sumó seis puntos de seis, marcó siete goles, recibió uno y jugo con una jerarquía de equipo grande, hoy nadie sale a preguntar cuánto gana Pekerman.

Vaya forma de silenciar a tanto bárbaro, vaya clase la de don José para manejar toda esta situación y que manera de unir a un país en torno a una fiesta como la que vivimos el viernes 7 y el martes 11 de septiembre. Hasta Uribe y Santos finalmente coincidieron en su alegría y en sus mensajes de felicitación al combinado tricolor.

Estoy seguro que Pekerman se gana lo justo, estoy seguro también que antes de contratarlo sabían sus condiciones para venir y las aceptaron, hoy este señor merece que respetemos su forma de trabajar, que dejemos de ser inquisidores.  A todos nos disgusta que se porten mal con nosotros cuando laboramos en otro país. Este señor que nunca ha tenido una señal de irrespeto con nosotros, que nunca ha perdido su buen carácter, se merece nuestra admiración y respaldo.

No más conjeturas, no más comentarios malintencionados de aquellos que intentaron una guerra sucia, amparados en su experiencia, auto nombrándose  como veedores y auditores de la Federación Colombiana de Fútbol.

Seguramente, a estos mercenarios que pretendían desestabilizar el proceso de don José, les cuesta superar el hecho de no ver a Bolillo Gómez al frente de la selección, aún no admiten que se le haya castigado por su acto de violencia contra una mujer y luchaban por hacernos ver que nuestra única oportunidad de clasificar a un mundial estaba en sus manos.

Es temprano para asegurar que vamos a ir al mundial pero la calidad y entrega mostrada por los jugadores de la selección permiten soñar con esa posibilidad y verla más cerca que hace seis meses. 

A esos que también la tomaban contra Falcao, hoy no les queda más que rendirse ante la categoría de jugador que tenemos, sin duda uno de los mejores del mundo, alabado por los más grandes técnicos y por sus propios colegas quienes disfrutan verlo jugar en cuanta competición participa.

Una vez más los hechos se han impuesto sobre las difamaciones y seguramente como en en otros terrenos de nuestra vida como la justicia y la política, también los hechos terminarán demostrando quién dice la verdad y quién no.

Bienvenidos a nuestro país los personajes como Pekerman, bienvenido todo aquel que viene a construir y a unir. A los demás, se les acabo esta cortina de humo, les toca inventarse otra, algo que no les va a costar ningún trabajo.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Pazionales


Por estos días en los que el tema de moda es el comienzo de un nuevo proceso de paz con los grupos guerrilleros, son muchas las posiciones encontradas, las reacciones eufóricas en pro y en contra, y los pronunciamientos que han generado todo un debate en torno a algo que, aunque ilusiona, seguramente no resolverá los problemas más grandes de nuestra nación.

Nada me gustaría más que poder ser testigo de la firma de un verdadero acuerdo en el que la desmovilización de las FARC y el ELN, sea una realidad y el país se libre de uno de los problemas que durante tantos años lo ha azotado.

Aunque gran parte de los ciudadanos ha recibido con positivismo y esperanza la noticia del inicio del proceso, algunos sectores encabezados por el ex presidente Álvaro Uribe, han puesto un manto de pesimismo y prevención contra cualquier negociación que involucre a los “terroristas” de las FARC.

El señor Uribe combatió sin descanso a las guerrillas colombianas y logró dar golpes contundentes que nadie puede negar ni mucho menos demeritar, con todo y que se este o no de acuerdo con los procedimientos del ex mandatario. 

Sin embargo, esa vehemencia de Uribe se vio únicamente enfocada en esa guerra sin cuartel contra las FARC y el ELN pero nunca reflejada en la lucha contra la corrupción ni contra los paramilitares, otro grupo armado al margen de la ley (o amparado por la misma), que cada día crece y se fortalece.

Por esto, cuando se anuncia el comienzo de un nuevo proceso y se extiende una invitación a creer y a apoyar por parte del Presidente Santos, resulta contraproducente encontrar un rechazo tan radical por parte de la derecha extrema y la agudización de un nuevo conflicto que desde el escenario político lleva a la polarización de la ciudadanía, algo que para nada es positivo como algunos lo quieren hacer ver.

Si bien, la crítica y la veeduría son bienvenidas, me parece que estamos cayendo en el mismo fenómeno que se vive con el Alcalde Petro, eres amigo o enemigo y punto. Aquí o se es amigo del proceso de paz o se es enemigo del mismo.

Con todo y los debates, cortinas de humo, obstáculos, desprestigio y guerra sucia que se den durante la negociación, es mejor hablar de paz y de la posibilidad de poner fin a esa parte del conflicto, que alegrarnos por cada bombardeo, fuego cruzado o invasión de territorios vecinos.

Como a todos, a mí también me dolió la burla de las FARC durante el gobierno de Pastrana, también me indigno la forma en que se entregó una porción del país sin mediar una estrategia de prevención de estos hechos pero creo que son lecciones aprendidas y quiero ser optimista pensando que las cosas se van a hacer dentro de un marco de medidas transparentes y justas.

Ser incendiario y hacer predicciones sobre la guerrilla o sus miembros gobernando al país es algo que no aporta para nada, seguramente va a pasar y así como fundadores y patrocinadores de las autodefensas han llegado a gobernar el país, corremos el riesgo de ver a algún ex guerrillero como mandatario en un futuro cercano.

Ante este tipo de situaciones, lo único que resta es apelar a la tolerancia y a la aceptación de lo que conlleva terminar un conflicto de las magnitudes del colombiano. No podemos pretender otros 8 años de Uribe en el poder para ver si extermina hasta el último descendiente de la guerrilla, seamos realistas, la violencia conlleva a más violencia y poder viajar al Peñón con tranquilidad no es una muestra de un país controlado por las fuerzas militares.

Yo me la juego por este proceso de paz y corro el riesgo de apoyarlo, eso sí mantendré un ojo abierto las 24 horas para ofrecer una crítica constructiva a los pasos que se vayan dando.

Espero que el conflicto con la guerrilla finalice y podamos enfocarnos en la terminación del paramilitarismo, otra flagelo que por conveniencia se mira con menos intensidad por parte de la opinión pública y la extrema derecha pero que registra un conteo de víctimas tan o más grande que el producido por las guerrillas.

El otro flagelo, tal vez el más grande, la corrupción, es algo que todos debemos combatir y que seguramente nos tomará más tiempo erradicar, porque la mentalidad traqueta y de dinero fácil que reina en el país se debe comenzar a erradicar desde la raíz, desde la crianza y la educación.

A quienes no estén de acuerdo con lo que escribo, les envío el más cordial de los saludos, invitándolos a debatir con altura, con argumentos y sin apelar al matoneo ni a la violencia.

A ellos y a los demás, los invito a dar aportes y soluciones para construir, para salir adelante, para tomar posiciones dentro del respeto y apuntando a lo mejor para todos, no lo mejor para algunos.

Hasta la próxima.  

miércoles, 6 de junio de 2012

Bolsa de Valores: ¿cuánto vale una vida?

Por estos días en los que nos enfrentamos a todo tipo de situaciones violentas, actos que atentan contra la dignidad, masacres, atentados, violaciones, secuestros, extorsiones, ataques con ácido y generadores de violencia a través de los nuevos medios, me surgió la pregunta sobre el valor de la vida en el “mercado” colombiano.

Un purista o idealista me diría que la vida de cualquier ser humano tiene el mismo valor y que ante los ojos del creador todos somos iguales. Aunque es una visión bastante sana y redentora, debo decir que los hechos y nuestro contexto actual demuestran que en Colombia la vida tiene una escala de valores.

Para no ir muy lejos comencemos con las bajas que produce esta guerra que afrontamos desde hace más de medio siglo, quién me va a decir que lamenta las bajas de la guerrilla o siente tristeza por ver las filas de cadáveres de los insurgentes en los sanguinarios noticieros nacionales, son seres humanos, pese al sinnúmero de apelativos que los miembros de nuestras fuerzas armadas les dan, pero su vida no tiene ningún valor para nosotros.

Por favor, no me vayan a malinterpretar, yo también he tenido expresiones salidas de tono contra estos personajes, sobre todo cuando cometen actos atroces y atentan contra la población civil, también los he visto como monstruos y me he tomado el derecho de despojarlos de toda humanidad, sin embargo, la pregunta es ¿valen menos sus vidas que la de los demás? En Colombia, su vida vale menos que la de una mascota.

Vamos a otro caso, el de los jóvenes que habitan en las afueras de Bogotá, Soacha, San Mateo, Ciudad Bolívar. Su principal pecado es vivir en medio de la pobreza, eso y el estar en sectores estigmatizados por las clases media y alta capitalinas, que en su gran mayoría sienten que los males que aquejan a la sociedad tienen su fuente allí.

Algunos de estos jóvenes que se debatían entre encontrar una oportunidad para estudiar y escapar de su entorno o hacer parte de alguna banda y sobrevivir en él se convirtieron en los famosos falsos positivos gracias a esa política del Gobierno anterior de conseguir resultados sin importar los métodos empleados.

Así, nos encontramos con cientos de vidas cuyo valor es mínimo ante nuestra sociedad y que en el concepto de algunos radicales (extrema derecha) y justicieros de clase alta, eran potenciales criminales. Ni siquiera Philip K. Dick, escritor de Blade Runner y el cuento corto, Minority Report, llevado al cine por Spielberg, en el que la justicia predecía quién iba a convertirse en criminal, habría pensado que en Colombia, las personas más comunes y corrientes (uribistas) iban a tener ese don.

Por supuesto, muchos han utilizado el tema de los falsos positivos para demostrar que los gobiernos de Uribe estuvieron enmarcados por los excesos y los crímenes de Estado pero cuántos realmente creen o están convencidos de que se perdieron vidas valiosas o al menos conocen de cerca la historia de alguno de estos jóvenes. 

El caso de Rosa Elvira Cely, una mujer de la cual ya todos conocemos su final, es una muestra clara del valor que tiene la vida de acuerdo a la condición social. Independiente del gran movimiento de rechazo que generó su asesinato entre la sociedad colombiana, los hechos que rodean su caso hacen ver las desventajas que afronta una persona de escasos recursos al momento de convertirse en víctima de un acto criminal.

Rosa Elvira no solo tuvo que afrontar uno de los hechos más macabros de los que se tenga conocimiento sino que además tuvo que recorrer la ciudad para ser atendida. Las autoridades aunque obtuvieron resultados y se movieron, presionados por la opinión pública, hicieron un ofrecimiento casi irrisorio de 10 millones de pesos por información que condujera a la captura de los responsables.

Si señores, 10 millones, un 2% de lo ofrecido por información de los autores del atentado contra el ex ministro Londoño. Claro, la Bolsa de Valores funciona así, un ex funcionario de Gobierno no se puede comparar con una vendedora de dulces que validaba su bachillerato (ejemplo que deberían seguir algunos padres de la patria). 

Sin salirnos del tema Londoño, ha tenido más revuelo el valor de su Rolex de 5 millones de pesos que el presente del conductor de la buseta afectado por el artefacto explosivo que además cobró la vida de dos escoltas del ex ministro.

Recordemos que hay miles de casos en la actualidad en los que la vida de un colombiano tiene un valor distinto de acuerdo a su actividad, estrato, influencia o reconocimiento, no olvidemos el trato que la justicia le da a una persona que roba para comer (sin que esto sea justificable) y el que le da a las que roban, desfalcan, timan o promueven el tráfico de influencias para favorecerse, aumentar sus riquezas o cubrir sus crímenes (los Nule, Samuel Moreno, Iván Moreno, Tomás y Jerónimo, Arías, Laura y Jessi).

Definitivamente y así haya algunos que no quieran quitarse la venda de sus ojos para no tener que afrontar su responsabilidad frente a la sociedad, vivimos en una Nación donde nuestra vida tiene una etiqueta con un precio y el mayor porcentaje de la población, está en promoción (SALE para los que hacen shopping en el mall).

P.D. no quiero dejar pasar esta tribuna para agregar algo que realmente me impactó durante los últimos días con el caso de Rosa Elvira, en el hashtag de twitter que llevaba su nombre me encontré con expresiones como “eso le pasó por llamarse Rosa Elvira”, “no más nombres tercermundistas como Rosa Elvira” o “quién la manda a estar a esas horas en el parque Nacional”, hasta dónde hemos llegado que nos llenamos de twitópatas. Se los dejo como una simple reflexión.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Vicepresidencia, la "corbata" más importante del país


Mi abuelo me contaba la importancia que tenía en su tiempo de empleado la amistad con algún político de turno a la hora de conseguir una “corbata”. Por supuesto, él fue uno de los que se benefició de estos cargos entregados por cercanía o amistad, sin importar lo apto que fuera la persona para el mismo.

Las “corbatas” siempre han sido parte de la idiosincrasia nacional, pese a los cambios que se han ido generando con el tiempo y los concursos públicos que supuestamente anteponen la meritocracia a la hora de seleccionar al candidato ideal. 

Gracias a estos cargos entregados como un favor o la retribución por algo recibido, las entidades públicas se han nutrido de la ineptitud, la desidia, la falta de profesionalismo y la tan famosa burocracia que tanto se ha tratado de combatir en los últimos años pero que sigue presente en muchas de ellas.

Hoy quiero hacer una mención especial a la que considero la “corbata” más reconocida (y a la vez menos importante) de nuestra Nación: la Vicepresidencia.

Si señores, ser Vicepresidente de Colombia es el equivalente a ser virreina del reinado del turismo, asistente técnico de la selección de fútbol de Belice, extra en Padres e Hijos (o protagonista), compañero de Amparo Grisales en el jurado de Yo me llamo o directivo de la Federación Nacional de Polo (aunque puede tomar fuerza como el golf que ya casi es un deporte popular).

Este cargo que tiene menos importancia que el de la Primera Dama ha servido para proporcionar material de inspiración a los mejores columnistas del país, generar polémicas por la cantidad de viajes inútiles con viáticos exorbitantes  y ahora en el caso de Angelino para tratar de descubrir cuál es la verdadera motivación de estar ahí.

Ya tenemos claro que el vice no es la persona que le habla al oído al Presidente, sabemos que ninguna decisión importante pasa por él, que su posición termina siendo pintoresca y que en algunos casos hasta riñe con los actos benéficos, sociales y culturales que tradicionalmente han sido del riel de la Primera Dama.

Gracias a esta “corbata” el país de ha dado el lujo de tener a personajes que ni siquiera los Monty Python  habrían imaginado en sus más oscuras sátiras. Pachito Santos es el más representativo de esta especie, un ser caricaturesco, desprovisto de la formalidad del cargo, más cercano a la farándula que a la profundidad en cualquier tema, un ser bufonesco que en su mente se considera un generador de opinión.

Por supuesto, Pachito tenía el perfil ideal para acompañar a ese emperador antioqueño, heredero del legado de históricos como Napoleon, Mussolini, Franco, Batista, Oliveira, Pinochet y Noriega. Santos era el personaje perfecto para distraer la atención de buena parte de la opinión, centrada más en sus viajes por el mundo, la consecución de la sede del mundial juvenil o su participación en carnavales, ferias y fiestas.

Como era de esperarse Pachito escuchaba y se enteraba de todas las cosas que pasaban al interior del gobierno pero no tenía la capacidad de entender algunas o prefería no preguntar para no poner en riesgo la comodidad del “prestigioso” cargo que se había ganado gracias a su reconocida carrera pública (¡Plop!).

Conservando la tradición de los delfines, acostumbrados a llegar a los mejores cargos públicos del país, sin más mérito que el de su apellido, Santos mostró algo de sagacidad al momento de defender con vehemencia a su jefe, a su amo. Trató de poner cara de bravo al referirse a la guerrilla (como lo hizo con los estudiantes desde su cada vez menos respetada tribuna radial). 

Dentro de su imagen de humorista de Comedy Central , se apegó al libreto de la Casa de Nariño (de Uribe en ese entonces) defendiendo a capa y espada las acciones militares que obtuvieron resultados pero también lunares como los falsos positivos. También defendió y sigue defendiendo a todos los implicados en los diferentes desfalcos del gobierno anterior siguiendo la línea de la empresa radial para la que trabaja, el medio oficial del decaído uribismo.

Otros han generado menos ruido pero se han beneficiado de la exclusiva “corbata” nacional, Humbertico de la Calle tuvo la oportunidad de ser Presidente por unos días, algo que lo hará aparecer en los libros de historia de los estudiantes de primaria, además de garantizarle los beneficios de ley a los que tiene derecho un ex mandatario.

Llegamos entonces a nuestro actual Vicepresidente, Angelino Garzón. Éste hombre marcado por su pasado sindicalista, ex gobernador del Valle, personaje que en algún momento despertó la pasión de la clase obrera colombiana, consiguió subir a este cargo sin ton ni son, sin funciones definidas, sin respaldo constitucional pero sin duda una posible catapulta para sus verdaderos planes.

Nadie sabe cuál ha sido el aporte de Garzón, seguramente nunca lo sabremos. No creo que este tan cómodo como Pachito en el cargo y ahora menos luego de fracasar en su utópica aspiración de presidir la OIT. 

Juan Manuel Santos seguramente sabía que pese a cualquier esfuerzo o cobro de favores, Angelino no iba a conseguir la posición. Ahora que se terminó este distractor cuya inversión seguramente desconoceremos, se le viene el problema al primer mandatario de saber qué va a poner a hacer a Garzón. 

La Primera Dama debe estar durmiendo intranquila contemplando la posibilidad de que Angelino la acompañe a sus tardes de Rummi-Q o a los desfiles de moda a beneficio de alguna de las cien mil fundaciones que trabajan en nuestro país.

El tiempo nos dirá en que termina la gestión de Angelino como Vicepresidente de nuestra querida república, nos dirá en que nos beneficia mantener esta costosa figura, nos dirá si la corbata más reconocida del país puede llegar a ser como Robín para Batman, como Toro para el Llanero Solitario o simplemente seguirá siendo como Pachito para Uribe (algo asPatricio para Bob Esponja).


martes, 22 de mayo de 2012

Atrocidades


Estas acciones que encierran una gran crueldad o se refieren a un disparate al momento hablar o comunicar algo, hacen parte de nuestra realidad cotidiana en un país que desafortunadamente parece haberse acostumbrado a “convivir” (Cooperativas de vigilancia y seguridad para la defensa agraria) con el dolor.

Es difícil saber por dónde comenzar, no se trata de clasificarlas por orden de importancia ya que todas son acciones nefastas que de una u otra manera atentan contra la sociedad civil, generando incertidumbre, luto, pena e indignación.

Me voy a referir en primer lugar al atentado contra Fernando Londoño que cobró la vida de dos de sus escoltas y dejó a más de treinta personas heridas sin contar los cientos de afectados en la parte emocional y material. Al mejor estilo del terrorismo del medio oriente, los sicarios pegaron una bomba al vehículo del ex ministro a plena luz del día y sin importar cuantos inocentes había alrededor, generando una escena dantesca que revivió la época del capo Pablo Escobar.

Por supuesto las imágenes de este acto infame no tardaron en dar la vuelta al mundo reforzadas por (aquí viene la segunda atrocidad) los incendiarios comentarios del ex presidente Alvaro Uribe para quien este atentado parece haber sido la cereza que necesitaba el postre en su campaña permanente por retomar el poder en Colombia.

¿Qué favor le hace Uribe al país con sus comentarios y sus comparaciones? Una Nación sumida en el dolor, lamentando la pérdida de vidas humanas mientras el caudillo antioqueño arremete con resentimiento e ira, mostrando al mundo su enfermedad de poder, su mezquindad, su capacidad de generar división y confusión.

No defiendo al gobierno de Santos, como cualquier connacional quisiera que las cosas fueran diferentes, que los cambios se dieran con mayor prontitud, que la guerra cesara de una vez por todas, que la desigualdad se combatiera, sin embargo, siento que golpes como estos deben generar un espíritu de unidad, de fortaleza y de acabar con nuestra indiferencia.

El atentado contra Londoño, fue un crimen contra todos nosotros, se desconocen aún los motivos y los autores pero independiente de esto o del pasado del ex ministro, fue un llamado de atención para estar alertas y protegernos los unos a los otros.

Lo de Uribe es un caso perdido, su espíritu belicoso, sus ínfulas napoleónicas, sus poses de emperador frustrado cazando peleas con Chávez, con Santos, hasta con su propia sombra, lo plasman como un hombre enfermo que se siente el único ser capaz de lidiar con el país, el ungido que con 8 añitos más al frente podría terminar con la guerrilla mientras el paramilitarismo se multiplica y se fortalece.

Como si lo de la bomba y la explosiva boca de Uribe fuera poco, la fiscalía emitió una orden de captura contra Sigifredo López aduciendo que tienen más de 20 pruebas que lo implican con la participación en el secuestro de sus colegas diputados del Valle, acto que terminó con el asesinato de todos menos él. 

Ni Thomas Harris cuando escribió el Silencio de los Inocentes se habría podido imaginar algo tan macabro como el acto del que se acusa a López. Fingir su secuestro, mantener al país en vilo por más de seis años, ver como sus colegas, amigos, compañeros eran ultimados cobardemente y salir frente a las cámaras abrazando a su familia con la alegría de quien recobra su libertad, su vida.

Realmente suena inverosímil, en mi caso quisiera que no fuera cierto, que se probara su inocencia y que todo esto pasara a ser un error, una equivocación, porque de no ser así, estamos frente a una de las mentes criminales más frías y calculadoras en la historia del país.

Pasando al tema de la atrocidad en su definición como disparate (algo que por supuesto le cabe a todo lo que Uribe dice en sus declaraciones) vamos a algo menos doloroso en cuanto a lo luctuoso pero que igual genera rabia e impotencia. Uno de nuestros honorables padres de la Patria, el senador Eduardo Merlano decidió agregar algunos privilegios más a su digno cargo.

Merlano frente a una cámara de vídeo y con la gracia y el desparpajo de los hombres de su región dio un rápido repaso mental a la constitución colombiana (se nota que es un estudioso de la misma) para determinar que los senadores de la república están eximidos de las pruebas de alcoholemia así como también del uso de la licencia de conducción.

Eduardo (cariñosamente lo voy a llamar por su nombre) además recordó, en una versión algo aumentada de la realidad, los 50 mil votos que lo llevaron a su muy merecido cargo (en realidad fueron 37 mil) y los privilegios que este número de sufragios le otorgaban frente a la fuerza pública.

Luego de la respectiva llamada a alguien de mayor rango en la Policía, el gran Merlano se fue tranquilo a pasar la resaca inocente del revuelo que el vídeo iba a generar en una Nación cansada de los ladrones de cuello blanco, los dirigentes cínicos que se burlan de todos y la corrupción imparable que tiene al país al borde del colapso.

Recordemos que otros grandes constitucionalistas ya habían dado los primeros pasos a lo que Eduardo simplemente reforzó. Hace un tiempo el concejal de Bogotá Álvaro Caicedo, fue suspendido por la Procuraduría por conducir en un vehículo oficial por un carril de TransMilenio

Podría seguir con la lista, pero creo que ya les he robado algo de su tiempo para leer esto y la verdad no quiero cometer una atrocidad ni parecer un personaje de cuello blanco. Hasta la próxima.