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miércoles, 6 de junio de 2012

Bolsa de Valores: ¿cuánto vale una vida?

Por estos días en los que nos enfrentamos a todo tipo de situaciones violentas, actos que atentan contra la dignidad, masacres, atentados, violaciones, secuestros, extorsiones, ataques con ácido y generadores de violencia a través de los nuevos medios, me surgió la pregunta sobre el valor de la vida en el “mercado” colombiano.

Un purista o idealista me diría que la vida de cualquier ser humano tiene el mismo valor y que ante los ojos del creador todos somos iguales. Aunque es una visión bastante sana y redentora, debo decir que los hechos y nuestro contexto actual demuestran que en Colombia la vida tiene una escala de valores.

Para no ir muy lejos comencemos con las bajas que produce esta guerra que afrontamos desde hace más de medio siglo, quién me va a decir que lamenta las bajas de la guerrilla o siente tristeza por ver las filas de cadáveres de los insurgentes en los sanguinarios noticieros nacionales, son seres humanos, pese al sinnúmero de apelativos que los miembros de nuestras fuerzas armadas les dan, pero su vida no tiene ningún valor para nosotros.

Por favor, no me vayan a malinterpretar, yo también he tenido expresiones salidas de tono contra estos personajes, sobre todo cuando cometen actos atroces y atentan contra la población civil, también los he visto como monstruos y me he tomado el derecho de despojarlos de toda humanidad, sin embargo, la pregunta es ¿valen menos sus vidas que la de los demás? En Colombia, su vida vale menos que la de una mascota.

Vamos a otro caso, el de los jóvenes que habitan en las afueras de Bogotá, Soacha, San Mateo, Ciudad Bolívar. Su principal pecado es vivir en medio de la pobreza, eso y el estar en sectores estigmatizados por las clases media y alta capitalinas, que en su gran mayoría sienten que los males que aquejan a la sociedad tienen su fuente allí.

Algunos de estos jóvenes que se debatían entre encontrar una oportunidad para estudiar y escapar de su entorno o hacer parte de alguna banda y sobrevivir en él se convirtieron en los famosos falsos positivos gracias a esa política del Gobierno anterior de conseguir resultados sin importar los métodos empleados.

Así, nos encontramos con cientos de vidas cuyo valor es mínimo ante nuestra sociedad y que en el concepto de algunos radicales (extrema derecha) y justicieros de clase alta, eran potenciales criminales. Ni siquiera Philip K. Dick, escritor de Blade Runner y el cuento corto, Minority Report, llevado al cine por Spielberg, en el que la justicia predecía quién iba a convertirse en criminal, habría pensado que en Colombia, las personas más comunes y corrientes (uribistas) iban a tener ese don.

Por supuesto, muchos han utilizado el tema de los falsos positivos para demostrar que los gobiernos de Uribe estuvieron enmarcados por los excesos y los crímenes de Estado pero cuántos realmente creen o están convencidos de que se perdieron vidas valiosas o al menos conocen de cerca la historia de alguno de estos jóvenes. 

El caso de Rosa Elvira Cely, una mujer de la cual ya todos conocemos su final, es una muestra clara del valor que tiene la vida de acuerdo a la condición social. Independiente del gran movimiento de rechazo que generó su asesinato entre la sociedad colombiana, los hechos que rodean su caso hacen ver las desventajas que afronta una persona de escasos recursos al momento de convertirse en víctima de un acto criminal.

Rosa Elvira no solo tuvo que afrontar uno de los hechos más macabros de los que se tenga conocimiento sino que además tuvo que recorrer la ciudad para ser atendida. Las autoridades aunque obtuvieron resultados y se movieron, presionados por la opinión pública, hicieron un ofrecimiento casi irrisorio de 10 millones de pesos por información que condujera a la captura de los responsables.

Si señores, 10 millones, un 2% de lo ofrecido por información de los autores del atentado contra el ex ministro Londoño. Claro, la Bolsa de Valores funciona así, un ex funcionario de Gobierno no se puede comparar con una vendedora de dulces que validaba su bachillerato (ejemplo que deberían seguir algunos padres de la patria). 

Sin salirnos del tema Londoño, ha tenido más revuelo el valor de su Rolex de 5 millones de pesos que el presente del conductor de la buseta afectado por el artefacto explosivo que además cobró la vida de dos escoltas del ex ministro.

Recordemos que hay miles de casos en la actualidad en los que la vida de un colombiano tiene un valor distinto de acuerdo a su actividad, estrato, influencia o reconocimiento, no olvidemos el trato que la justicia le da a una persona que roba para comer (sin que esto sea justificable) y el que le da a las que roban, desfalcan, timan o promueven el tráfico de influencias para favorecerse, aumentar sus riquezas o cubrir sus crímenes (los Nule, Samuel Moreno, Iván Moreno, Tomás y Jerónimo, Arías, Laura y Jessi).

Definitivamente y así haya algunos que no quieran quitarse la venda de sus ojos para no tener que afrontar su responsabilidad frente a la sociedad, vivimos en una Nación donde nuestra vida tiene una etiqueta con un precio y el mayor porcentaje de la población, está en promoción (SALE para los que hacen shopping en el mall).

P.D. no quiero dejar pasar esta tribuna para agregar algo que realmente me impactó durante los últimos días con el caso de Rosa Elvira, en el hashtag de twitter que llevaba su nombre me encontré con expresiones como “eso le pasó por llamarse Rosa Elvira”, “no más nombres tercermundistas como Rosa Elvira” o “quién la manda a estar a esas horas en el parque Nacional”, hasta dónde hemos llegado que nos llenamos de twitópatas. Se los dejo como una simple reflexión.

martes, 8 de mayo de 2012

¿Libertad de prensa?

Recientemente se celebró el día mundial de la libertad de prensa, gremios, asociaciones y colegas en general, realizaron pronunciamientos sobre la importancia de la independencia a la hora de ejercer nuestra profesión, además de recordarle a los gobernantes de turno la necesidad de informar sin restricciones ni censura.

Muy emotiva la jornada, aunque nada más lejano a la realidad que el tema de la independencia de nuestros medios y su transparencia a la hora de informar a la sociedad, especialmente en nuestro país.
Para nadie es un secreto que los medios más importantes de Colombia son parte de grupos económicos privados que influyen abiertamente en las decisiones políticas y toman partido al momento de respaldar o no a los gobernantes.

Los medios de comunicación más importantes del país en televisión, radio, prensa y hasta en el mundo digital, son financiados por estas familias que durante los últimos 50 años han marcado el derrotero económico y político de un país en el que el poder está en sus manos.

Por esta razón hablar de independencia o libertad de prensa cuándo cadenas como RCN y Caracol tanto en televisión como en radio y en sus sitios web han tomado partido en favor o en contra de diferentes personajes de la política nacional suena algo descabellado.

Por supuesto que estas cadenas tienen periodistas decentes que desde su posición intentan mantener cierta independencia pero que al final terminan siendo indiferentes frente a las actitudes descaradas de sus directivos y la manipulación que hacen de la información para favorecer los intereses de un sector en particular.

Quién puede debatir que RCN es la cadena del ex presidente Uribe, cuando éste necesita un respaldo, una tribuna, un empujón, la cadena está dispuesta a poner todos sus medios a su servicio sin ninguna vergüenza o timidez. 

El nombramiento de Pacho Santos como director de noticias en RCN la Radio fue el respaldo final que necesitaba la parcialidad uribista, un hombre cuestionado profesionalmente y con salidas casi circenses en sus intervenciones que más que generar polémica o controversia, generan estupor y pena entre el gremio.

Caracol parece más imparcial en este campo pero ha puesto sus medios informativos en contra de la izquierda colombiana, dejando un manto de duda sobre la profundidad con la que manejan la información y pasando de la denuncia a la persecución en casos como el del Alcalde Petro. Aclaro que no defiendo la gestión de Petro y si lo hace mal lo diré sin problema pero creo que se debe juzgar con el mismo rasero que a cualquier otro mandatario.

En cuanto a los medios impresos, estos siempre han tomado partido de acuerdo a la orientación de las familias que los lideran y también han caído en el tema de la censura con ejemplos como el caso de la columnista López por todos ya conocido.

Colombia no es un caso único, es uno más entre los que se ven alrededor del mundo, los medios pertenecen a los grandes grupos quienes saben que el mayor poder que existe es el manejo de la información.
Existen algunos casos ejemplares como el de Noticias UNO que bajo la batuta de Daniel Coronell ha mantenido una línea de denuncia e independencia que con altas y bajas ha luchado contra toda una maquinaria amenazante y violenta. 

Muchos colegas han mantenido la bandera de la denuncia y de la lucha por la libertad en alto, algunos han perdido la vida en el intento, otros han tenido que refugiarse en países ajenos o simplemente han desistido desmotivados por el poco respaldo recibido. Por todos ellos el día de la libertad de prensa tiene sentido.

Los medios no escapan de la indiferencia de nuestra sociedad, de hecho asumen sus mismas actitudes, informan pero no van más allá, se conforman con preguntar al acusado y al acusador pero sin analizar, y como Pilatos dejan que el pueblo sea el que condene inducido por las grandes maquinarias.

Solo en un país como el nuestro los falsos positivos, asesinatos selectivos, desapariciones como las del Palacio de Justicia y una corrupción desmedida, protegida por un sistema de justicia con tantos vacíos como incoherencias, son noticias pasajeras que sirven para llenar secciones.

En comunidades y sociedades sin la indiferencia de la nuestra, todo esto generaría caídas de gobiernos, movilizaciones articuladas y conscientes que provoquen cambios, revocatorias, renuncias, decretos. En la nuestra siempre habrá un reinado, un carnaval, un partido de fútbol, un escándalo de farándula que sea más importante que la denuncia y el seguimiento.

De todos nosotros, colegas y amigos, depende generar cambios, auditar a nuestros medios, llamar su atención frente a lo realmente importante, acabar con la censura, ir hasta el final de los procesos, acabar con la impunidad. Es nuestra responsabilidad, no la cedamos, no la negociemos.