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martes, 8 de mayo de 2012

¿Libertad de prensa?

Recientemente se celebró el día mundial de la libertad de prensa, gremios, asociaciones y colegas en general, realizaron pronunciamientos sobre la importancia de la independencia a la hora de ejercer nuestra profesión, además de recordarle a los gobernantes de turno la necesidad de informar sin restricciones ni censura.

Muy emotiva la jornada, aunque nada más lejano a la realidad que el tema de la independencia de nuestros medios y su transparencia a la hora de informar a la sociedad, especialmente en nuestro país.
Para nadie es un secreto que los medios más importantes de Colombia son parte de grupos económicos privados que influyen abiertamente en las decisiones políticas y toman partido al momento de respaldar o no a los gobernantes.

Los medios de comunicación más importantes del país en televisión, radio, prensa y hasta en el mundo digital, son financiados por estas familias que durante los últimos 50 años han marcado el derrotero económico y político de un país en el que el poder está en sus manos.

Por esta razón hablar de independencia o libertad de prensa cuándo cadenas como RCN y Caracol tanto en televisión como en radio y en sus sitios web han tomado partido en favor o en contra de diferentes personajes de la política nacional suena algo descabellado.

Por supuesto que estas cadenas tienen periodistas decentes que desde su posición intentan mantener cierta independencia pero que al final terminan siendo indiferentes frente a las actitudes descaradas de sus directivos y la manipulación que hacen de la información para favorecer los intereses de un sector en particular.

Quién puede debatir que RCN es la cadena del ex presidente Uribe, cuando éste necesita un respaldo, una tribuna, un empujón, la cadena está dispuesta a poner todos sus medios a su servicio sin ninguna vergüenza o timidez. 

El nombramiento de Pacho Santos como director de noticias en RCN la Radio fue el respaldo final que necesitaba la parcialidad uribista, un hombre cuestionado profesionalmente y con salidas casi circenses en sus intervenciones que más que generar polémica o controversia, generan estupor y pena entre el gremio.

Caracol parece más imparcial en este campo pero ha puesto sus medios informativos en contra de la izquierda colombiana, dejando un manto de duda sobre la profundidad con la que manejan la información y pasando de la denuncia a la persecución en casos como el del Alcalde Petro. Aclaro que no defiendo la gestión de Petro y si lo hace mal lo diré sin problema pero creo que se debe juzgar con el mismo rasero que a cualquier otro mandatario.

En cuanto a los medios impresos, estos siempre han tomado partido de acuerdo a la orientación de las familias que los lideran y también han caído en el tema de la censura con ejemplos como el caso de la columnista López por todos ya conocido.

Colombia no es un caso único, es uno más entre los que se ven alrededor del mundo, los medios pertenecen a los grandes grupos quienes saben que el mayor poder que existe es el manejo de la información.
Existen algunos casos ejemplares como el de Noticias UNO que bajo la batuta de Daniel Coronell ha mantenido una línea de denuncia e independencia que con altas y bajas ha luchado contra toda una maquinaria amenazante y violenta. 

Muchos colegas han mantenido la bandera de la denuncia y de la lucha por la libertad en alto, algunos han perdido la vida en el intento, otros han tenido que refugiarse en países ajenos o simplemente han desistido desmotivados por el poco respaldo recibido. Por todos ellos el día de la libertad de prensa tiene sentido.

Los medios no escapan de la indiferencia de nuestra sociedad, de hecho asumen sus mismas actitudes, informan pero no van más allá, se conforman con preguntar al acusado y al acusador pero sin analizar, y como Pilatos dejan que el pueblo sea el que condene inducido por las grandes maquinarias.

Solo en un país como el nuestro los falsos positivos, asesinatos selectivos, desapariciones como las del Palacio de Justicia y una corrupción desmedida, protegida por un sistema de justicia con tantos vacíos como incoherencias, son noticias pasajeras que sirven para llenar secciones.

En comunidades y sociedades sin la indiferencia de la nuestra, todo esto generaría caídas de gobiernos, movilizaciones articuladas y conscientes que provoquen cambios, revocatorias, renuncias, decretos. En la nuestra siempre habrá un reinado, un carnaval, un partido de fútbol, un escándalo de farándula que sea más importante que la denuncia y el seguimiento.

De todos nosotros, colegas y amigos, depende generar cambios, auditar a nuestros medios, llamar su atención frente a lo realmente importante, acabar con la censura, ir hasta el final de los procesos, acabar con la impunidad. Es nuestra responsabilidad, no la cedamos, no la negociemos.

miércoles, 14 de marzo de 2012

¿Colombia entre los países más felices del mundo?

Desde hace algún tiempo ésta pregunta ha venido rondando en mis pensamientos. En el mundo nos reconocen como un país alegre que, seguramente por la cantidad de fiestas, carnavales, reinados, festivales y diferentes eventos culturales, da la impresión de vivir en un estado de celebración perpetua.

Cuando salgo a la calle, conduzco mi auto, tomo un transporte público, entro a un banco o hago la fila de un supermercado, me cuesta encontrar esa alegría en nuestra gente. Por el contrario, veo una actitud continua de rabia, frustración e inconformismo en gran parte de mis conciudadanos quienes parecen estar listos para atacar o defenderse de acuerdo a las circunstancias.

Mientras el país celebra diferentes carnavales con ríos de dinero de los presupuestos departamentales y locales para la realización de los mismos, otras zonas sufren el acuartelamiento de sus habitantes en sus casas (ranchos, tugurios, chozas), esperando con temor un desenlace no tan trágico y elevando plegarias para que en esta ocasión no sean ellos las víctimas de lo que está ocurriendo en sus calles.

Paros armados, acoso por parte de grupos al margen de la ley, volantes con amenazas, homofobia, en fin, todo aquello que refleja el desajuste de una sociedad confundida a la cual le han querido vender la idea de que los problemas no son de todos sino de quien los padece.

Por eso hoy vemos cómo, mientras en países del primer mundo se cancela un evento sin importar su magnitud como acto de solidaridad con las víctimas de una tragedia, el asesinato de alguien o un atentado, en Colombia ofrecemos nuestra solidaridad en medio del ruido de orquestas, bandas, reinas y un pueblo volcado completamente a su prioridad: la rumba.

Que el Chocó este sitiado amerita cinco minutos de noticiero, los premios X, Y y Z para la farándula nacional fácilmente pueden llevarse media hora del mismo. Por supuesto nuestra farándula no tiene la culpa de esto, si bien es cierto algunos venden una imagen carente de valores y de una superficialidad digna de un estudio científico, simplemente son el producto de lo que el país promueve.

Al final, tenemos lo que nos merecemos, nos aterramos por las imágenes de niños y jóvenes destruyendo la ciudad, acabando con el patrimonio de todos, patrocinados por voceros incendiarios que odian a un alcalde por no tener el linaje de la gran estirpe bogotana, los criticamos cuando hemos sido cómplices de la promoción de todo tipo de antivalores a través de nuestros medios, de nuestros actos.

Promovemos la belleza de la mujer basada en la perfección (tetas como globos de helio y culo vulgar o el extremo de la anorexia), la importancia de un hombre seguro de sí mismo gracias a lo que viste y al auto que maneje (jamás nos veremos como Clooney). La dependencia de un teléfono inteligente el cuál sea acorde con nuestra personalidad (alguien tiene que ser inteligente, si no el dueño por lo menos el teléfono). La importancia de conseguir lo que queremos sin importar los métodos (El Rey Caído).

Tenemos decenas de ex funcionarios públicos del gobierno anterior investigados, en procesos, huyendo. Un ex presidente incendiario que sigue pensando que es el caudillo que el pueblo necesita. Un ex vicepresidente que dirige la segunda cadena radial noticiosa en importancia del país generando opiniones cantinflescas, siendo el hazmerreír de la profesión.

Hoy a quienes nos ponen en esas listas mundiales de los países más alegres y felices les pregunto ¿no sería bueno que pasaran una temporada en el país antes de hacer esas clasificaciones? El que los gobernantes le den opio al pueblo para mantenerlo alienado no significa que tengamos muchos motivos para celebrar.

Amo a mi país y disfruto sus parajes, la cordialidad de su gente y de sus regiones y comparto esa frase manida que reza: los buenos son más. Sin embargo, los buenos no se pueden quedar en silencio y tienen que reflejar esa bondad en la solidaridad con los demás, en la preocupación por construir una sociedad más justa en la que nos importe lo que le pasa al vecino.

Ser alegres no es reírnos en medio de las tragedias, no confundamos las cosas. Somos un país de gente optimista pero también indiferente. No pretendamos desconocer la realidad hasta el día que toque a la puerta.