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miércoles, 20 de junio de 2012

Rebelde sin causa


Ese remoquete que inmortalizó al joven James Dean, quien falleció antes de llegar a los 30 años y se convirtió en un ícono de Hollywood solo comparable con leyendas como Marlon Brando, Steve McQueen, John Wayne o Clint Eastwood, es hoy emulado de manera erronea por una sociedad en la que este concepto es sinónimo de fortaleza, actitud e independencia.

Actualmente esta rebeldía es entendida por gran parte de nuestra sociedad como un estar en contra de, no importa de que, solamente se tiene que ir en contravía de cualquier cosa. Este amplio grupo de personas que predomina en las redes sociales, en las marchas y en las diferentes manifestaciones también se ha tomado algunos de los medios más escuchados (no necesariamente más importantes) de radio, televisión, revistas, blogs y páginas web.

Sumado a una sociedad que cada vez lee menos, el hecho de estar en manos de personajes “rebeldes” nos pone en una situación poco favorable para alcanzar un estado siquiera rescatable de las cosas. Nuestros niños y adolescentes crecen viendo y escuchando a personajes sin clase, sin estilo, sin ideales y que, como el reguetón que suena de fondo mientras balbucean, repiten mucho y no dicen nada.

Ser vulgar al hablar, al vestir, al escribir, se ha convertido en una muestra de libertad, una muestra de “liderazgo”, de poder. Afortunadamente todavía hay quienes expresan su crítica mordaz con sarcasmo e ironía, fundamentada en la clase, en la experiencia, en la lectura, lo cual equilibra de alguna manera las cargas.

En gran parte la era de los realities y los programas de  “variedades y humorísticos” de las mañanas tanto en radio como en televisión se han encargado de propagar esta tendencia del importaculismo, el desprendimiento de todo y de todos, y un egoísmo absoluto que se debe defender a como dé lugar (además de un feminismo mal entendido que simplemente parece ser una imitación burda del tradicional machismo pero de eso escribiré luego).

Mientras el empleo informal crece, los salarios no son acordes a la calidad de los profesionales, las ciudades se deterioran, la violencia se acentúa, la corrupción es más visible y el conflicto armado continúa, estos invasores con tribuna propia hacen de las suyas con comentarios incendiarios (por lo ridículo de los mismos), imponiendo modas absurdas y generando una atmósfera de anarquía mal entendida pero demagógica que cala entre los jóvenes vulnerables e ignorantes de esta generación.

Suena increíble hablar de ignorancia entre los jóvenes de hoy con todos los recursos existentes para mantenerse informados, conectados, siempre actualizados pero esa es la realidad, en 140 caracteres no está la sabiduría que solo los libros otorgan, el conocimiento de la historia no se da viendo las sagas del Señor de los Anillos, Harry Potter o Twilight.

Tampoco se gana mucho viendo los realities de cada noche en los canales privados, programas cuyo contenido raya en el morbo absoluto y en los que nuestra sociedad parece ver reflejada e identificada, la deslealtad, la grosería, el egoísmo, las falsas amistades, las actitudes maquiavélicas, las diferencias de estratos, el pasar por encima de los demás y, sumado a esto, el regionalismo que promueven y que tanto daño nos ha causado.

Otra muestra de la rebeldía mal entendida la exponen algunos colegas en sus programas radiales, con expresiones de mal gusto como respuesta ante cualquier crítica o concepto contrario al de ellos, es común escuchar  “si no le gusta cambie de emisora, escuche otro programa, no me importa si les gusta o no, tengo muchos años como para que me vengan a enseñar, a papá no le vengan con cuentos”.

Dónde queda el respeto por los oyentes, por los televidentes, por los lectores, por aquellos que se toman la molestia de cuestionar a esa persona que, se supone, es un líder de opinión.  También se quiere mostrar esa rebeldía incontrolable a la hora de entrevistar a alguien, sobre todo si ese alguien está en el ojo del huracán, entonces hay que juzgarlo y condenarlo al aire para saciar la sed de sangre propia y de los oyentes.

Las barras de los equipos de fútbol mal llamadas “bravas” son otro ejemplo incomprensible de esa rebeldía sin causa, de hecho son un despropósito para una sociedad que ya bastantes problemas tiene como para soportar a miles de vándalos camuflados con trapos de colores que ni disfrutan el deporte como tal ni saben por qué pelean, solo necesitan estar en un bando para cometer fechorías y ya.

Tiempos aquellos en que la rebeldía se expresaba con arte, con música, con sátira, con programas como la Tele, el Siguiente Programa y  Zoociedad, seguramente porque no existían los realities, el reguetón no asomaba, se leía un poco más y los canales privados apenas comenzaban razón por la cual producían menos basura. 

Estoy a favor de ser rebelde cuando la situación lo amerita, ser rebelde frente a posiciones autoritarias de los gobiernos, de las entidades. Ser rebelde frente a la injusticia, frente a los violentos, frente a los opresores. Ser rebelde con causa.

martes, 31 de enero de 2012

Nuestra Tele… visión

Parece que la consigna de nuestra farándula criolla es promover un escándalo diferente cada semana, sin importar qué tan bajo tengan que caer. Hace algunas semanas tuvimos el plato fuerte que Laura Acuña preparó con tanto esmero para jugarle una broma a Colombia, ella, con el gracejo que la caracteriza y una creatividad sorprendente decidió realizar un montaje tipo Broadway cuya temática gira en torno a su forma de sacar las uñas.

Su compañero de fórmula Jota Mario Valencia, quien en su propia mente se considera una leyenda de la televisión, sintió que no podía perder protagonismo frente a la carismática Laura (Acuña, no Bozzo valga la aclaración) y haciendo gala de su mayor recurso: la improvisación, soltó un comentario sobre Jessica Cediel en el que se mofaba del drama que ésta había vivido con los implantes de su ya legendaria cola.

Las reacciones no se hicieron esperar y aquellos seguidores incondicionales de las nalgas de la Cediel (intenté serlo pero no tuve la constancia) alzaron su voz de forma unánime para rechazar aquella desafortunada actuación del símbolo de la Teletón en Colombia (no sólo por ser uno de sus presentadores sino por su evidente discapacidad) el nunca bien ponderado Jota Mario.

Una turba digital bastante enardecida clamaba por las cabezas de Jota Mario y Laura (aunque estás no tengan nada en su interior) inclusive llegando a amenazar con cambiar de canal o dejar de ver las súper producciones de la noche del canal que transmite el programa de la pareja show.

Ante este acto incendiario por parte de la siempre bien preparada teleaudiencia nacional, las directivas del canal privado se vieron en la obligación de llamar la atención de su par de estrellas matutinas, exigiéndole a Laura que se dejara crecer las uñas por un tiempo y a Jota Mario que simulara tener aún más problemas de motricidad para despertar la compasión de los televidentes.

Cuando la turba aflojaba, algunos levantaban sus carpas de protesta y apagaban sus antorchas para buscar un nuevo tema escandaloso, apareció de la nada la reencarnación de Charles Bronson, el vigilante que el país necesitaba, Gregorio Pernía, ese actor consagrado en la franja triple A de nuestra tele y orgullo motilón, decidió sacarle un tiempo a su apretada agenda y grabar un vídeo que daría inicio a una mega campaña internacional: No más Jota Mario.

Pernía, famoso por su histrionismo y su carisma, nos regaló uno de los momentos más memorables en la historia de las redes sociales con un discurso lleno de emotividad, manejo de cámara y el desparpajo que lo hizo merecedor del corazón de miles de colombianas que, en su momento, quitaron de sus cuartos el afiche de Víctor Hugo Ruíz para colgar el de este simpático cucuteño.

Gregorio se llenó de orgullo al ver la solidaridad de miles de compatriotas que nuevamente se ponían en píe de lucha para erradicar de una buena vez a Jota Mario y mandarlo a trabajar a Ecuador o Perú. Todo iba de maravilla hasta que otro gigante del Jet Set nacional, ávido de sangre, tomó una decisión con maestría en medio de su programa radial. Sí, Julito en su programa en la W, sacrificó la historia de una mujer que tuvo sextillizos (dos negros, dos rubios y dos pelirrojos) para llamar al hombre del momento, el sin igual Gregory.

Al comienzo de la entrevista, parecía que la empatía entre Julito y Pernía era evidente y que nadie podría romper ese vínculo afectivo que se estaba creando pero como siempre, ese viejo zorro de la radio tenía un as bajo la manga.

Esa carta ganadora era una periodista de la W de nombre Marcela, esta colega empezó un desahogo maratónico en el que sacó de su existencia toda la rabia que durante años había llevado consigo por culpa de Gregorio. La ira santa que dominaba a la comunicadora en ese momento era para Pernía como si tuviera a Tyson frente a él y le hubiera hecho un comentario racista.

Los golpes iban en una sola dirección y el animado Gregorio que comenzó la entrevista había desaparecido para darle paso al de siempre, al Pernía que añora nuestra televisión. Luego de terminado el carrusel de acusaciones hacía Gregorio y con el pecho como el de una paloma, la comunicadora sintió que había dado el golpe de opinión que el país estaba esperando y que podía sentirse orgullosa de sí misma, de su género y de su profesión.

Mientras tanto Gregorio tendría que repensar su carrera y ver que otra campaña podía promover en la que no se exponga a ser vapuleado en el programa más exclusivo de la radio colombiana. Un triste final para una campaña que pintaba en su momento.

Otro capítulo de nuestro circo nacional que cada día es más bizarro y que tiene las puertas siempre abiertas para recibir a tanto personaje cuya meta es lograr esos 15 minutos de fama que Andy Warhol predijo todos tendríamos.