miércoles, 19 de septiembre de 2012

El legado de Heleno



En la historia del fútbol son muchas las historias que ligan a sus protagonistas con el alcohol y la noche, sin importar su nacionalidad, origen o condición social, miles de nombres han forjado una leyenda etílica y bohemia que en varios casos sobrepasó sus actuaciones dentro del rectángulo de juego.

Una de las leyendas más grandes de la historia del fútbol es sin duda la del inigualable Heleno de Freitas, ese exquisito jugador brasileño quien en los años 40 marcó un hito como artillero del Botafogo y quien vistió las camisetas de Boca Juniors en Argentina y Atlético Junior en Colombia.

Heleno, tuvo una vida de artista en la que las mujeres, el alcohol y el éter siempre lo acompañaron. Una sífilis acabo con su vida de forma triste y penosa. El periodista Andrés Salcedo escribió “El día en el que el fútbol murió”, un libro maravilloso sobre el celebre goleador en el que detalla su estilo de vida tan peculiar.

Así como de Freitas y Garrincha, reconocidas estrellas del fútbol mundial y otros no tan grandes han llevado sus vidas de una forma desenfrenada, la gran mayoría con finales trágicos, con historias casi propias del realismo mágico que han ido de boca en boca, de escrito en escrito, de generación en generación.

En Colombia hemos tenido diferentes exponentes de la bohemia y el desorden, comenzando por aquellos peruanos (Valeriano López, Miguel Loayza) del histórico deportivo Cali, de los cuales cuenta la leyenda, tenían que sacarlos del burdel para que jugaran los partidos y aún con la resaca y el ajetreo de la noche anterior, deleitaban a la tribuna con su fantasía y sus goles. 

Cada década se caracterizó por tener nacionales y extranjeros amantes de la noche, de las mujeres y con el paso de los años hasta de las drogas de moda. De la misma manera, el fútbol internacional tenía grandes exponentes cuyas adicciones eran del conocimiento de todos.

Quién, por ejemplo, no ha escuchado hablar del gran goleador irlandés George Best, ídolo del Manchester United cuyo alcoholismo es legendario y terminó por costarle la vida luego de haberse sometido a un trasplante de hígado. Best dijo alguna vez que en 1969 había dejado el alcohol y las mujeres y que habían sido los peores 20 minutos de su vida.

Ya en épocas más recientes, Rene Houseman, campeón con Argentina en 1978 fue otro que idolatró a la botella y a las mujeres. Lo emularía unos años después el gran Diego Armando Maradona, un hombre lleno de adicciones de quien cuentan las anécdotas tenía miles de películas porno en su mansión de Barcelona. Sócrates, el médico y futbolista brasileño, insignia del Corinthians fue otro de los que se inclinó ante el licor y terminó sus días luchando contra una cirrosis.

Vinieron después casos famosos como los de Paul Gascoine, el gran Romario de Souza, que llevaba prostitutas al camerino de la selección y era trasladado en helicóptero desde los burdeles para jugar con el Barcelona. Ronaldo, Ronaldinho, Asprilla, grandes nombres ligados irremediablemente con la rumba desenfrenada.

La selección chilena no se ha quedado atrás y sus figuras rutilantes como Valdivia, Medel y Beausejour  se han visto envueltos en escándalos de mujeres y alcohol, casi idénticos a los de los seleccionados peruanos encabezados por Pizarro, Farfán y Mendoza y Acasiete.

Como vemos, nuestros países lideran esa tabla del desorden y Colombia no podía ser la excepción. Sin duda que Faustino Asprilla merece un capítulo aparte en nuestra historia etílica-futbolística, el Tino, sacudió las ciudades por las que pasó, dejando su estela de mujeriego, rumbero y escandaloso. Si bien. Sus goles y jugadas hacían de esto algo anecdótico, Faustino fue un jugador difícil desde sus inicios hasta su retiro.

Con menos suceso en las canchas pero siendo un artista de la botella y el escándalo, Jairo “El Tigre” Castillo es otro ejemplo de la indisciplina y la anarquía. El tigre, a diferencia del otro tigre colombiano que es Radamel Falcao, ha dado sus zarpazos más terribles frente al volante en alto estado de embriaguez. 

Más joven pero con una capacidad asombrosa para ascender entre los ídolos de las licoreras y de las discotecas de turno, Dayro Moreno se ha hecho a un lugar en esta larga y no tan selecta lista. Moreno, ha llegado al extremo de mostrar su devoción por la bebida abrazando los dummies de la licorera de Caldas como festejo de sus anotaciones. 

Caso más triste y dramático es el de Wilder Medina, ese delantero antioqueño de gran calidad pero cuyo pasado lo persigue y parece condenarlo a repetir sus errores, un tema complejo que lo liga a la marihuana y al parecer a sustancias más fuertes como la cocaína recientemente. 

Podría seguir llenando páginas con los cientos de nombres de jugadores colombianos que han combinado su profesión de futbolistas con su vocación por la noche y sus placeres pero ameritaría editar una enciclopedia.

Recuerdo cuando yo jugaba fútbol en la universidad, no había nada más motivante que el tercer tiempo, los partidos terminaban y ganáramos, empatáramos o perdiéramos, siempre había algo que celebrar. 

Será nuestra idiosincrasia, será nuestra sangre, no lo sé, pero sin duda el alcohol, las mujeres y el fútbol siempre han sido una sociedad indisoluble, una mezcla casi que obligada.
 
Seguramente, será difícil encontrar a un personaje tan trágico y conflictivo como Heleno de Freitas, el personaje por el que comencé esta columna, pero sin duda su legado se verá siempre reflejado en algunos futbolistas que de una u otra manera tienen algunas de sus características.

Hasta pronto.

jueves, 13 de septiembre de 2012

¿Cuánto gana Pekerman?


Esta pregunta con la que titulo mi columna de hoy fue durante las últimas semanas el tema de moda entre los diferentes periodistas deportivos y gran cantidad de personas que a través de las redes sociales llegaron a comparar el salario del técnico argentino con lo que se invirtió durante años en toda la delegación de deportistas colombianos que nos representaron en los olímpicos de Londres.

Así como sucede con Petro desde su elección como alcalde de Bogotá, Pekerman sufrió en carne propia toda la intolerancia y el castigo por parte de aquellos que se consideran con derecho a incriminar, ofender y maltratar a quien no es de su agrado. En este caso, llegando al extremo de poner en tela de juicio lo que una empresa privada le paga a sus empleado.

A nadie le importa cuánto le pagan al presidente de Alpina o al de Bavaria pero los honorarios de Pekerman se convirtieron en una ofensa para gran parte de la sociedad, en una afrenta contra el tesoro colombiano y en algo inadmisible para el país donde nadie sabe cómo alguien sobrevive con el salario mínimo.

En este mismo país en el que el desfalco de los Nule, Moreno, Arias y tantos otros sobrepasa los billones de pesos, sin contar el tema de la salud que seguro dobla esta suma, Pekerman alcanzó un status casi criminal por la suma de dinero que cobra y el hermetismo total de su trabajo frente a los medios y los aficionados.

Periodistas deportivos de la vieja guardia, esos que creen tener potestad sobre el convaleciente fútbol colombiano se atrevieron a poner en duda el accionar del argentino, hablando más de su yerno que de su forma de parar al equipo, escribiéndole cartas en los diarios del país como si de un derecho de petición se tratara, mirando con sospecha el llamado de algunos jugadores como si estuvieran hablando de un empresario o cometero.

Pues bien, después de dos jornadas de la eliminatoria sudamericana en las que Colombia sumó seis puntos de seis, marcó siete goles, recibió uno y jugo con una jerarquía de equipo grande, hoy nadie sale a preguntar cuánto gana Pekerman.

Vaya forma de silenciar a tanto bárbaro, vaya clase la de don José para manejar toda esta situación y que manera de unir a un país en torno a una fiesta como la que vivimos el viernes 7 y el martes 11 de septiembre. Hasta Uribe y Santos finalmente coincidieron en su alegría y en sus mensajes de felicitación al combinado tricolor.

Estoy seguro que Pekerman se gana lo justo, estoy seguro también que antes de contratarlo sabían sus condiciones para venir y las aceptaron, hoy este señor merece que respetemos su forma de trabajar, que dejemos de ser inquisidores.  A todos nos disgusta que se porten mal con nosotros cuando laboramos en otro país. Este señor que nunca ha tenido una señal de irrespeto con nosotros, que nunca ha perdido su buen carácter, se merece nuestra admiración y respaldo.

No más conjeturas, no más comentarios malintencionados de aquellos que intentaron una guerra sucia, amparados en su experiencia, auto nombrándose  como veedores y auditores de la Federación Colombiana de Fútbol.

Seguramente, a estos mercenarios que pretendían desestabilizar el proceso de don José, les cuesta superar el hecho de no ver a Bolillo Gómez al frente de la selección, aún no admiten que se le haya castigado por su acto de violencia contra una mujer y luchaban por hacernos ver que nuestra única oportunidad de clasificar a un mundial estaba en sus manos.

Es temprano para asegurar que vamos a ir al mundial pero la calidad y entrega mostrada por los jugadores de la selección permiten soñar con esa posibilidad y verla más cerca que hace seis meses. 

A esos que también la tomaban contra Falcao, hoy no les queda más que rendirse ante la categoría de jugador que tenemos, sin duda uno de los mejores del mundo, alabado por los más grandes técnicos y por sus propios colegas quienes disfrutan verlo jugar en cuanta competición participa.

Una vez más los hechos se han impuesto sobre las difamaciones y seguramente como en en otros terrenos de nuestra vida como la justicia y la política, también los hechos terminarán demostrando quién dice la verdad y quién no.

Bienvenidos a nuestro país los personajes como Pekerman, bienvenido todo aquel que viene a construir y a unir. A los demás, se les acabo esta cortina de humo, les toca inventarse otra, algo que no les va a costar ningún trabajo.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Pazionales


Por estos días en los que el tema de moda es el comienzo de un nuevo proceso de paz con los grupos guerrilleros, son muchas las posiciones encontradas, las reacciones eufóricas en pro y en contra, y los pronunciamientos que han generado todo un debate en torno a algo que, aunque ilusiona, seguramente no resolverá los problemas más grandes de nuestra nación.

Nada me gustaría más que poder ser testigo de la firma de un verdadero acuerdo en el que la desmovilización de las FARC y el ELN, sea una realidad y el país se libre de uno de los problemas que durante tantos años lo ha azotado.

Aunque gran parte de los ciudadanos ha recibido con positivismo y esperanza la noticia del inicio del proceso, algunos sectores encabezados por el ex presidente Álvaro Uribe, han puesto un manto de pesimismo y prevención contra cualquier negociación que involucre a los “terroristas” de las FARC.

El señor Uribe combatió sin descanso a las guerrillas colombianas y logró dar golpes contundentes que nadie puede negar ni mucho menos demeritar, con todo y que se este o no de acuerdo con los procedimientos del ex mandatario. 

Sin embargo, esa vehemencia de Uribe se vio únicamente enfocada en esa guerra sin cuartel contra las FARC y el ELN pero nunca reflejada en la lucha contra la corrupción ni contra los paramilitares, otro grupo armado al margen de la ley (o amparado por la misma), que cada día crece y se fortalece.

Por esto, cuando se anuncia el comienzo de un nuevo proceso y se extiende una invitación a creer y a apoyar por parte del Presidente Santos, resulta contraproducente encontrar un rechazo tan radical por parte de la derecha extrema y la agudización de un nuevo conflicto que desde el escenario político lleva a la polarización de la ciudadanía, algo que para nada es positivo como algunos lo quieren hacer ver.

Si bien, la crítica y la veeduría son bienvenidas, me parece que estamos cayendo en el mismo fenómeno que se vive con el Alcalde Petro, eres amigo o enemigo y punto. Aquí o se es amigo del proceso de paz o se es enemigo del mismo.

Con todo y los debates, cortinas de humo, obstáculos, desprestigio y guerra sucia que se den durante la negociación, es mejor hablar de paz y de la posibilidad de poner fin a esa parte del conflicto, que alegrarnos por cada bombardeo, fuego cruzado o invasión de territorios vecinos.

Como a todos, a mí también me dolió la burla de las FARC durante el gobierno de Pastrana, también me indigno la forma en que se entregó una porción del país sin mediar una estrategia de prevención de estos hechos pero creo que son lecciones aprendidas y quiero ser optimista pensando que las cosas se van a hacer dentro de un marco de medidas transparentes y justas.

Ser incendiario y hacer predicciones sobre la guerrilla o sus miembros gobernando al país es algo que no aporta para nada, seguramente va a pasar y así como fundadores y patrocinadores de las autodefensas han llegado a gobernar el país, corremos el riesgo de ver a algún ex guerrillero como mandatario en un futuro cercano.

Ante este tipo de situaciones, lo único que resta es apelar a la tolerancia y a la aceptación de lo que conlleva terminar un conflicto de las magnitudes del colombiano. No podemos pretender otros 8 años de Uribe en el poder para ver si extermina hasta el último descendiente de la guerrilla, seamos realistas, la violencia conlleva a más violencia y poder viajar al Peñón con tranquilidad no es una muestra de un país controlado por las fuerzas militares.

Yo me la juego por este proceso de paz y corro el riesgo de apoyarlo, eso sí mantendré un ojo abierto las 24 horas para ofrecer una crítica constructiva a los pasos que se vayan dando.

Espero que el conflicto con la guerrilla finalice y podamos enfocarnos en la terminación del paramilitarismo, otra flagelo que por conveniencia se mira con menos intensidad por parte de la opinión pública y la extrema derecha pero que registra un conteo de víctimas tan o más grande que el producido por las guerrillas.

El otro flagelo, tal vez el más grande, la corrupción, es algo que todos debemos combatir y que seguramente nos tomará más tiempo erradicar, porque la mentalidad traqueta y de dinero fácil que reina en el país se debe comenzar a erradicar desde la raíz, desde la crianza y la educación.

A quienes no estén de acuerdo con lo que escribo, les envío el más cordial de los saludos, invitándolos a debatir con altura, con argumentos y sin apelar al matoneo ni a la violencia.

A ellos y a los demás, los invito a dar aportes y soluciones para construir, para salir adelante, para tomar posiciones dentro del respeto y apuntando a lo mejor para todos, no lo mejor para algunos.

Hasta la próxima.  

viernes, 24 de agosto de 2012

No más odio


Encontrar la palabra odio en las redes sociales o escucharla en cualquier conversación se ha convertido en algo tan común que simplemente parece indicar que las personas perdieron la noción de su significado y la carga que conlleva.

El odio es la repulsión hacía algo, la ausencia absoluta de amor y un término que acarrea violencia, y desprecio. Es una palabra ligada históricamente con los genocidios, las guerras, los sicópatas y los personajes más destructivos y dañinos que el mundo haya conocido.

Muchos podrán decir que a diario cuando hablamos con nuestros amigos los llamamos “marica”, “huevón”, “idiota” y no lo hacemos para ofenderlos, ni porque los consideremos así, por el contrario es una muestra de confianza y cercanía. Yo mismo lo hago y en cierta forma estoy de acuerdo pero con lo que no puedo coincidir es con el uso tan light del odio, con esa facilidad con la que se suelta semejante vocablo.

Un país como el nuestro en el que cada día la gente se sorprende menos con atrocidades que en cualquier otra parte harían movilizar a toda su población para lograr cambios y medidas inmediatas con el fin de evitarlas y castigarlas, no puede contemplar al odio como parte de su cotidianidad. 

No se si exagere, no se si ver esa palabra me impresiona solo a mi y le doy más importancia de lo que debería pero la verdad es que me genera malestar, me preocupa la expresión de odio, la manifestación del mismo a las personas que no son de nuestro agrado, al equipo de fútbol rival, al político, al deportista, al artista, al vecino, al jefe, al taxista, al policía, a todo aquel que no es de nuestro agrado.

Me preocupa que la gente odie un sitio, una relación, un recuerdo, un artículo, una ciudad, un programa de televisión. Dónde está nuestra tolerancia y el respeto por lo que a algunos seguramente les gusta y a nosotros no. 

Hay muchas cosas que no me gustan pero no las odio, hay cosas que repudio pero todas están vinculadas con la violencia, con el maltrato, con actos atroces que lastiman a seres humanos, a seres vivos, a ideales, a sueños.

Con todo y lo que repudio esos actos y a quienes los perpetran no me quiero llenar de odio, no quiero ser como ellos, no quiero convertirme en ellos. 

No vivimos en un mundo ideal, no tenemos las facilidades que quisiéramos tener, no estamos dentro de un sistema justo y cada día es una prueba de supervivencia, de tolerancia, de interpretación de una realidad que nos lastima, que nos carcome, que no da espacio a los débiles y que genera una necesidad de fortalecimiento, de endurecimiento, de construcción de barricadas, de corazas para protegernos.

La sociedad está prevenida, los prejuicios al orden del día, la desconfianza es la ley y dar papaya no está permitido. Competimos a cada instante, hasta para subirnos a un bus. Con todo lo que representa vivir como lo hacemos, el odio es algo demasiado fuerte para aceptarlo, para aprobarlo, para consentir su uso.

Nunca había escrito tanto la palabra odio como hoy en esta columna, de hecho, procuro tenerla fuera de mi léxico pero hoy, cuando me la encuentro cada vez que abro mi cuenta de Twitter o la de Facebook,  siento que vale la pena escribir sobre ella, esperando que cada día su presencia sea menor, confiando en que quien me lea reflexione sobre lo que ha implicado para la historia de la humanidad la conjugación del verbo odiar.

Hiroshima y Nagasaki, el holocausto perpetrado por los nazis, las masacres en países africanos por el odio existente entre tribus, etnias, religiones. La situación de Palestina e Israel, las divisiones de países balcánicos por temas étnicos con genocidios impensados, nuestro conflicto armado, todo esto tiene como base esa palabra que hoy con tanta facilidad soltamos como un modismo más.

Créanme, no amo a todo el mundo ni tengo tanto amor para dar que me gustaría salir a repartir abrazos a desconocidos. No salgo a repartir sonrisas ni vivo pensando en lo bonito que sería el mundo tal y como lo ponen en las portadas de las revistas que ofrecen algunos grupos religiosos, en las que se ve a la gente en medio de leones y criaturas salvajes jugando y departiendo en los parques.

No me interesa ese tipo de idealismo, me conformo con vencer nuestra indiferencia histórica frente a los problemas que nos azotan y no conformarme con la idea de no hacerle daño a nadie pero tampoco ningún bien. Me gusta ser parte del cambio, me gusta participar activamente aunque me equivoque y vaya en contra del pensamiento de muchos, y creo que rechazar el uso de la palabra odio es parte de ese cambio que necesitamos.

Espero que no me odien por escribir esto. Espero que antes de escribir, aunque sean esos 140 caracteres que hoy nos definen y nos permiten expresar lo que sentimos, pensemos bien cada la carga que una sola palabra puede tener, en especial esa, el odio.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Las mujeres de un país de machos


En una idiosincrasia que por tradición ha sido machista como la nuestra y en la que todos los días se marcha y se lucha contra la violencia de género, son un grupo de mujeres las que han sacado la cara por Colombia en diferentes escenarios del mundo.

Quién no le ha profesado su amor y devoción en los últimos días a la bellísima y talentosa Mariana Pajón, quién no se ha unido al clamor de Yuri Alvear y Jaqueline Rentería por un mayor apoyo al deportista colombiano, y quién no se erizó con la sonrisa espectacular de Caterine Ibargüen frente a un estadio olímpico repleto que se rendía a sus pies.

Estas luchadoras incansables cuyo destino las ha cruzado en el mismo lugar y espacio de tiempo para darle a nuestro país la alegría más grande en mucho tiempo y unir a todo un pueblo en torno a una situación positiva y esperanzadora, son mujeres que como cualquier otra han vivido en carne propia la desigualdad y la indiferencia de nuestra sociedad.

Estas cuatro campeonas encarnan la imagen de la mujer colombiana, sin importar la región de la que provengan, su status social, su situación familiar y económica, son una muestra ejemplar del espacio y la importancia que su género tiene para el desarrollo y la resolución de los problemas en el país.

Ya de tiempo atrás vienen siendo ellas, las mujeres colombianas, quienes ponen en alto la bandera nacional y esparcen una imagen positiva en el mundo, quienes de una u otra manera hacen contrapeso al estigma que nos marca desde hace varias décadas gracias al narcotráfico, la violencia, el conflicto armado y más recientemente, atrocidades como las víctimas de quemaduras con ácido.

Así como estas hermosas deportistas, también otras mujeres capaces y talentosas se han dado un lugar en el mundo y nos han abierto puertas donde otros luchaban por cerrarlas para siempre con sus actos. 

Ángela Patricia Janiot, es una de ellas. Más de 20 años liderando la cadena más importante de noticias en idioma español, la convierten en un referente del periodismo mundial y alguien que promovió una invasión de profesionales colombianos en CNN y otros medios similares.

Catalina Sandino, es otra muestra del potencial colombiano, es la única colombiana nominada a un premio Oscar de la academia y sin duda se ha ganado el respeto de los directores y actores más influyentes del mercado cinematográfico.

Sofía Vergara, la hermosa barranquillera, dueña de una belleza sin igual y un carisma envidiable, es hoy en día la actriz mejor pagada de la televisión norteamericana. Nominada en tres ocasiones al Emmy y dos veces al Globo de Oro, lo que la convierte en un ícono de Hollywood y un orgullo para nuestro país.

Angie Cepeda y Juanita Acosta, dos actrices fantásticas que han hecho carrera en España, logrando convertirse en favoritas de los directores ibéricos. Martina García, es otra bella actriz que se ha ganado un lugar importante en el cine internacional.

Claudia Palacios, Silvia Tcherassi, Fanny Mickey, María Isabel Urrutia, Flora Martínez, Shakira, Ximena Restrepo y muchas otras han sido embajadoras del buen nombre de Colombia alrededor del mundo y sin duda, han sido, son y serán líderes en cada una de sus áreas de trabajo.

Como vemos, en un país marcado por el machismo, en pie de guerra y donde se compite de manera desleal hasta para subirse al bus, son ellas las que han mostrado el camino a seguir, son las Marianas, Marías, Caterines y compañía, las que en medio de la convulsión, la injusticia, la violencia, la corrupción y el desconcierto, han encontrado la claridad para sobresalir.

Desde mi propia madre en adelante, debo decir que Colombia, esa patria que amamos pero que parecemos empeñados en acabar, se sostiene hoy en día gracias al tesón de nuestras mujeres, a su deseo por salir adelante, por darle la cara a la adversidad y por regalar siempre una sonrisa en el momento justo.

Desde esta pequeña tribuna quiero agradecerle a las mujeres de Colombia, a las conocidas y a las anónimas, por todo, quiero decirles que me uno a ellas en su clamor de justicia contra sus maltratadores, que me uno a ellas para combatir a quienes se atreven a atacarlas con ácido, a violarlas, a subestimarlas.

Mil y mil gracias.  

miércoles, 8 de agosto de 2012

Sofía y el terco, el renacer del cine colombiano.


El fin de semana tuve la oportunidad de disfrutar junto a una pareja de amigos de esta sencilla y emotiva película colombiana que sin duda es la antítesis de lo que hasta el día de hoy ha caracterizado a la pobre filmografía nacional.

Sofía y el terco es una película para disfrutar, una cinta que más parece una fábula en la que lo único que uno desea es el final más feliz para cada uno de sus personajes. 

Al que ingresa a la sala esperando las 50 vulgaridades por minuto de siempre, las tetas y el culo de la protagonista en primer plano, las escenas eróticas, los guerrilleros, los paramilitares, los narcotraficantes, los gamines, los sicarios o los ladrones, seguramente le va a generar cierta frustración y como decían cuando Mockus era candidato a la presidencia, van a decir que eso funciona en Suecia o Noruega pero no acá.

Nos hemos vuelto tan masoquistas y voyeristas que la sangre que vemos en los noticieros combinada con el sexo, las groserías y los antivalores de los realities no son suficientes para saciar nuestra sed de morbo y violencia.

Por esto, la opera prima de Burgos es una muestra de un cine alternativo en el que, pese a todo lo que vivimos en un país convulsionado e indiferente como el nuestro, se puede plasmar el lado humano y cálido de las personas tanto conocidas como desconocidas sin importar su región, clase o color de piel.

Burgos narra un cuento costumbrista partiendo de ese anhelo de miles de colombianos por conocer el mar y salir de la rutina en que se convierten sus vidas, aun cuando esta sea tranquila y apacible.

Sofía, el personaje interpretado por la extraordinaria Carmen Maura, es una mujer consagrada a su marido, el típico hombre acostumbrado a trabajar y esperar ser atendido cuando está en casa, interpretado magistralmente por Gustavo Angarita. Maura, siendo española, realiza una interpretación fantástica de una mujer de pueblo colombiana, con una mirada inocente pero que a la vez es capaz de comunicar todo sin necesidad de palabras.

Pocos personajes hacen parte de la fábula, todos muy bien elaborados, conforman un rompecabezas sencillo que lleva al espectador por 90 minutos de emociones enmarcadas en sentimientos positivos, en esperanza, en solidaridad, en confianza y amor por los demás.

Para muchos esta puede ser una película de ciencia ficción, más en un país donde rara vez nos importa lo que le pase  a los demás y nos reímos de quien actúa con inocencia y nobleza, tildándolo de montañero o carente de la malicia indígena que tanto nos gusta resaltar como colombianos.

Seguramente la taquilla de Sofía y el Terco no va a competir con alguna cinta que tenga la empelotada de tres o cuatro mujeres despampanantes y maneje el humor vulgar y bajo que tanto gusta en nuestra sociedad pero Burgos fue valiente y se mantuvo en su idea de contar una historia sin más ni menos de lo necesario.

Para resaltar la música y la fotografía de la cinta, espero conseguir el soundtrack en alguna tienda de discos y ojalá que Burgos continúe su carrera cinematográfica explorando el género que quiera pero conservando el toque de distinción que tuvo en su primera obra.

Les aclaro que no tengo nada en contra de ver un buen par de tetas o las escenas de violencia siempre y cuando hagan parte de un todo bien realizado y de una historia interesante y envolvente pero no como el único o el mayor atractivo de una película.

Esperemos que esta cinta y Chocó sean como el renacimiento de un cine nacional que logre cautivar al público y le brinde un parámetro de mayor exigencia en cuanto a calidad y contenidos.
Que cintas como estas nos saquen de la rutina de cada año cargada de películas estúpidas en las que ridiculizamos todo lo que consideramos autóctono y las cuales nos alejan del respeto internacional por nuestro cine.

Felicitaciones para Burgos, Maura, Angarita, Duque y todos los que hicieron parte de este bello experimento y mis más sinceros deseos por una larga vida en el celuloide para aquellos que creen que Colombia es más que putas, narcos, políticos corruptos, sicarios, guerrilleros, paramilitares y futbolistas.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Medallas al valor


Llegaron los Juegos Olímpicos de Verano en Londres y con ellos las ilusiones de una Nación como la nuestra que necesita de todo tipo de alicientes para hacer más llevadera su convulsionada situación socio-económica.

Más de 100 guerreros colombianos con mucho menos herramientas de preparación que las delegaciones de los países del primer mundo y en la mayoría de los casos sin poder dedicarse exclusivamente a sus deportes, viajaron con la esperanza de darle al país las alegrías que en otras áreas del quehacer nacional no son más que utopías.

Es cierto que el gobierno a través de COLDEPORTES y la empresa privada han mejorado en algo las condiciones de los deportistas de élite pero aún estamos lejos de las que tienen sus contrincantes en los países del primer mundo.

Mientras que en cualquier país de Europa o Norte América un deportista de elite es una estrella bien remunerada y con cientos de patrocinios encima, contratos de exclusividad y un reconocimiento absoluto de su pueblo, en Colombia con contadas excepciones son personas de pasados precarios en lo económico que buscan en el deporte encontrar un salvavidas para sus familias.

Por esto, siento que cada medalla de nuestros deportistas es un logro mucho más valioso que el de cualquiera que ha recibido todo y le han acondicionado el camino para lograrlo. Me atrevo a asegurar que es una medalla al valor, porque además de competir contra cientos de rivales con mejores oportunidades y condiciones, también compiten contra la indiferencia, contra la intolerancia, el abandono y la desorganización de nuestro país.

Para no ir más lejos hay que ver la forma en que Rigoberto Urán logró su medalla de plata en ciclismo en ruta. Un par de horas antes de iniciar la competencia no se encontraba inscrito, típico de nuestras delegaciones. El caso de Figueroa no es menos lejano de nuestros conflictos eternos y por poco se queda por fuera de la delegación y de competencia por querer entrenar con su técnico de siempre en el Valle y no con el búlgaro que dirige a la selección colombiana de halterofilia.

Como vemos, la competencia es fuerte desde antes de estar en el campo de batalla de cada deporte. No quiero dejar de lado la otra lucha de nuestros deportistas, esa que los enfrenta contra sus miedos, contra el derrotismo eterno que ha marcado nuestra historia olímpica, nuestra falta de jerarquía y de mentalidad ganadora.

Es un descaro exigirles medallas a los nuestros cuando apenas estamos empezando a hacer las cosas medianamente bien en temas de apoyo al deporte. La mayoría de nuestros representantes sueñan con la casa prefabricada en el barrio popular donde se criaron para que su mamá pueda vivir en algo propio por primera vez.

Los que mejores condiciones han tenido y han crecido en ambientes de comodidad, igual llevan ese gen de la falta de jerarquía, un día nos deslumbran con una actuación mágica y al siguiente pierden contra el aguatero de cualquier país.

Si nuestros gobiernos destinaran un 1% de lo que invierten en la guerra seguramente estaríamos hablando de Colombia como la mayor potencia latinoamericana en el ámbito deportivo pero no, mientras nuestros funcionarios públicos, congresistas, gobernadores, alcaldes y otras autoridades desfalcan al país de la manera más descarada con cifras de billones de pesos, Figueroa y Urán recibirán 73 millones de pesos cada uno por su medalla de plata.

Muchos dirán que es un esfuerzo del gobierno para incentivar a nuestros deportistas pero es una cifra menor cuando se tiene conciencia de los pocos deportistas que realmente tienen posibilidad de traer una medalla a casa.

Celebro que esta sea la delegación más grande de Colombia en unos juegos y también la de mayor calidad, sin embargo, el Comité Olímpico Colombiano y las diferentes ligas necesitan una mayor inyección económica y programas orientados a la formación integral de los deportistas, estudio y deporte de la mano.

En un país famoso en el mundo por sus medallas (la del Divino Niño, las 500 vírgenes a las que se acude y los 365 santos a los que se encomiendan) las únicas que escasean son las deportivas, sólo una de oro ganada por la gran María Isabel Urrutia con un mérito aún más grande ya que para ese entonces hasta en esteras sobre la tierra tenían que dormir nuestros deportistas.

Está claro que es una obligación del Estado aumentar el apoyo a los deportistas y no únicamente de los colombianos del común a través del aporte voluntario en los impuestos, como lo dije antes no se puede vivir pensando únicamente en presupuesto para la guerra, algo que para muchos se ha convertido en un negocio que se debe sostener a como de lugar.

Ojalá y llegue el día en el que estemos arriba en los deportes de primer orden, atletismo, natación, gimnasia, básquet, vóley, fútbol, tenis, deportes en los que vayamos de tú a tú con los países más poderosos del mundo y que sean complementados por aquellos en los que tenemos alguna figuración actualmente como el patinaje, las pesas y, cada vez menos, el boxeo. 

En conclusión, cada victoria de nuestros deportistas es un caso de éxito en medio de las dificultades, una muestra de nuestra capacidad para lograr cosas venciendo rivales más complicados que los que enfrentamos en el campo de juego, venciendo al pesimismo, al conformismo, a la discriminación y la indiferencia que desafortunadamente se han arraigado en nuestra cultura.

Espero que el deporte nos una, aunque sea por unos minutos para mirar en la misma dirección y soñar despiertos que todos somos uno solo y que unidos podemos sacar adelante a un país convaleciente que no soporta más golpes.